viernes, 24 de julio de 2026

EL GRAN VODEVIL

Sentado en una silla de plástico junto a Beatriz, en una calurosa noche de verano, sobre la arena de la pequeña plaza de toros de Inca, un pueblo en el centro de Mallorca, viendo el último montaje teatral de Ricard Reguant Tócala otra vez, Sam, famosa obra de teatro de Woody Allen, pienso en Ricard, que está sentado a un metro de mí, en otra silla de plástico del ayuntamiento, junto a los ´técnicos de sonido. Hace tantos años que nos conocemos, pero nunca hasta ese momento, acompañado de unos ciento cincuenta espectadores, había caído en su forma de hacer teatro. En su sello de identidad teatral. Nunca me había parado a pensarlo. Por eso, sin dejar de ver a los actores moviéndose de un sitio a otro del escenario, penséen cuando empecé a ver montajes suyos; no me refiero a los musicales, me refiero al teatro puro y duro del que ha hecho mucho, aunque el gran público lo conoce por los musicales de éxito cómo Chicago o Grease. Siempre me han gustado las obras de teatro que he visto de él en Madrid, siempre han tenido un especial atractivo para mí, y siempre han tenido, sobre todo, mucho ritmo. Pero nunca había caído en eso hasta hoy sentado en una silla de plástico en una plaza de toros. Ante mis ojos estaba viendo un auténtico vodevil siendo la obra, para mí, una tragicomedia de dos personas que no se encuentran en un mundo que les puede. Los actores hablaban sin parar, van de un sitio a otro, la puerta se abre y se cierra, e incluso un espejo toma vida. Y eso al público le gusta, se ríe, y yo pienso que Ricard hace de todo un vodevil. ¿Pero cómo puede hacer un vodevil con Misery de Sthepen King? Yo la ví en el Bellas Artes de Madrid y no me pareció un vodevil. Pero estaba equivocado. Ricard Reguant viene de abajo, por decirlo de alguna manera. De las entrañas del teatro; su tío ya era un actor conocido en Cataluña. Empezó de niño en pequeños teatros  y llegó a estrenar en la Gran Vía de Madrid con alfombra roja incluida. Y en todo ese tiempo hizo fue construyendo un teatro muy personal. Y en ese teatro muy personal, lo más importante era el ritmo y que la gente no se aburriera. ¿Y qué genero teatral tiene estos dos ingredientes? El vodevil. El gran vodevil. Porque el vodevil no es solo el invento de los franceses de abrir y cerrar puertas, el vodevil va más allá, es un concepto de hacer teatro. Una forma de ver las cosas. Hay muchas maneras de decir To be or not to be, del soliloquio de Hamlet en la obra de William Shakespeare. Cómo lo decía Laurence Olivier no tenía nada qué ver cómo lo decía Jack Benny, en cambio es el mismo texto pero con diferente concepto. Ahí está la cuestión: el concepto de dirigir. Y es lo que le pasa a Reguant, dirige sus obras de teatro con el concepto de vodevil haciéndolas entretenidas, aunque se trate del drama más profundo. Por eso, al ver Tócala otra vez Sam me he dado cuenta por primera vez, la forma de dirigir de Ricard Reguant sea la obra que sea. Hay que entretener al público porque viene a disfrutar, debe de pensar. Igual que decía Hitchock sobre el cine: el cine son quinientas butacas llenas. Porque si nos fijamos en el cine del maestro del suspense, su obra tiene mucho de vodevil. Mata a gente, pero no deja de divertirse. Y eso es lo que creo que hace Ricard desde que hace teatro. Cualquier obra de teatro la convierte en un vodevil sin que pierda un ápice de mensaje o de su cometido. Ricard Reguant dirigiría Hamlet y no sería aburrida. Ahía está la grandeza de este director catalán que ha hecho del teatro su vida.