sábado, 18 de febrero de 2023

LA CULPA LA TIENEN LOS DEMÁS

Conozco personas que se pasan la vida quejándose y dando la culpa a los demás. Huelga decir que esas personas están amargadas y no disfrutan de la vida. Lamentarse, quejarse, dar la culpa a los demás, nos hace malgastar unos recursos y una energía que podríamos estar invirtiendo en terrenos más fructíferos. Culpar a los demás encuentras excusas para justificar y culpabilizar a otros o evitas tomar decisiones, es que tu vida es un desastre. Analízate profundamente y con objetividad y aprenderás de tus errores y crecerás. Sé que la vida es dura, sobre todo para algunos, y sé que hay privilegiados que pasan de rosistas por ella. Pero si tú eres sufres y te alegras en partes igual, no busques el sufrimiento, pero si este llega trata de afrontarlo con seguridad y optimismo. Las personas que van de víctimas, que siempre se quejan o dan la culpa a los demás, acostumbran a hacer menos de lo que pueden. El movimiento se demuestra andando, y esas personas negativas, entorpecen su movimiento. No puedes pasarte la vida culpando a los demás de tus propios defectos o de tu inactividad. No siempre puedes ganar, pero cuando pierdas, en lugar de adar la culpa a los demás, piensa en por qué has perdido y rectifica para que la próxima vez salga mejor. Basta que mires a tu alrededor para descubrir a personas que han conseguido lo que se han propuesto viniendo de los más bajo. Deja de quejarte y empieza a hacer cosas. 

lunes, 13 de febrero de 2023

SATURACIÓN DE LA ADMINISTRACIÓN DEL ESTADO DE BALEARES

Yo esto de los funcionarios no lo entiendo. De un tiempo a esta parte veo en las noticias de que faltan funcionarios por todas partes, y eso me descoloca. ¿Por qué? Porque lo que yo veo (aunque puede ser que no sea la realidad) dice lo contrario. Me baso en mis experiencias, no en lo que me cuentan. Por ejemplo, fui el día de Nochebuena a sacarme una Fe de Vida y tuve que esperar media hora de reloj porque el funcionario que las daba estaba merendando. Y cuando apareció, dijo: Yo no sabía que en Nochebuena se sacaban Fe de Vidas. Huelga decir que lo puse firmes. Pero lo peor es que la sala estaba llena de gente detrás de sus mesas hablando de sus cosas con sus cosas entre ellos. ¿Nadie puede hacerme una Fe de Vida más que la persona que está merendando?, dije, cansado de esperar. No, me dijo otra funcionaria con cierta ironía, pero si tiene alguna queja se lo dice cuando aparezca la persona. No podía creérmelo. La semana pasada un notario me mandó a un lugar, de cuyo nombre no quiero acordarme, en una calle estrecha justo pegada a la iglesia de San Francisco. Al no tener cita estuvimos una hora de reloj esperando para que nos pudieran atender. Lo gracioso es que había como veinte mesas, con su funcionario correspondiente, atendiendo a una persona de vez en cuando. Durante una hora estuvimos mirando la sala llena de funcionarios detrás de sus mesas hablando entre ellos. Incluso había tres mujeres que reían animadamente. Esto que he contado no concuerda con lo de que faltan funcionarios, digo yo. Aunque lo más gracioso (lo cuenta Amparo Baró en Tick Tock) es cuando voy al Ministerio de Cultura de Madrid. Aquello ya es el sumun. En la sección de películas españolas hay como cuarenta mesas, y si vas sobre las diez o la una del mediodía, la mayoría de ellas están vacías. Me gustaría saber cómo se arreglan países mucho más grandes que España se arreglan con la mitad de funcionarios. Debe haber un caos.

martes, 6 de diciembre de 2022

ÓSCAR PEYROU, el crítico de cine diferente.

Mi hijo me ha mandado un vídeo que es interesante y revelador. Este crítico llamado Óscar Peyrou, un crítico reconocido y respetado, dice en el vídeo que él no ve películas, que escribe la crítica según lo que le inspire el cartel, los actores, el director… Increíble, ¿no? No deja de ser alucinante las opiniones de este crítico argentino afincado en España, que ha sido miembro de numerosos jurados en festivales, los más importantes del mundo. Además, dice otra cosa que yo siempre he sabido: que los críticos están comprados. Reciben órdenes de sus editoriales y son beneplácitos con sus amigos o los que los invitan a comer o beber, dice Peyrou. Luego están las productoras importantes, las que pueden comprar a los críticos. El señor Peyrou también dice que los festivales son grandes fantasmadas donde hay mucho postureo que te permite disfrutar de un buen hotel, una buena comida, muchas copas, y lo que viene después. Yo puedo hablar de festivales porque habré estado invitado en unos 30. La mayoría españoles, excepto el de Cannes y Francia. Festivales importantes. Öscar Peyrou ha sido todo un descubrimiento que deja bien claro, sin lugar a dudas, lo que suele ser un crítico. Y para terminar, contaré una anécdota con el crítico Carlos Pumares. Con la película Proceso a ETA, llamada actualmente Melodía interminada, del recientemente fallecido Manuel Macià, estuvimos en un festival de cine de cuyo nombre no me acuerdo y me da igual. En ese festival estaba Carlos Pumares, que precisamente era amigo de José Gago, el productor de la película.  A las diez de la noche empezó la proyección con el cine lleno, y yo salí a los diez minutos porque no me gusta ver mis películas. En el hall fumé un cigarrillo y vi salir de la sala a Pumares y marcharse. Miré el reloj y hacía exactamente quince minutos que había empezado la película. Horas después, en el programa que tenía en la radio, hizo una crítica de la película y la puso bien. ¿Cómo se entiende eso? Ni siquiera vio la película y la puso bien porque el productor era amigo suyo. ¿A eso se le puede llamar comprar a un crítico?  

martes, 23 de agosto de 2022

Antonia Quetglas, en el primer cumpleaños en España sin cumplir años.



Este escrito no existiría si no hubiera ido al cumpleaños de mi entrañable amiga Antonia Quetglas en el restaurante Es Cruce. Huelga decir que la comida fue estupenda y la bebida más estupenda. Pero lo original del cumpleaños es cuando trajeron la tarta con 2 trozos de vela de color rojo. No eran números, eran trozos de vela. Le pregunté a Antonia el por qué no eran números como todos los cumpleaños de la gente normal y corriente. Antonia me contestó que ella no era una persona normal y corriente, que ella no celebraba años porque no tenía años. Que vivía intensamente la vida sin importarle los años. Me dejó sorprendido. Era el primer cumpleaños que me pasaba eso. Y la verdad es que solo Antonia era capaz de una semejante cosa tan inteligente. Una mujer a la que no le ha sido fácil la vida. Su  padre era un franquista fascista descafeinado y su madre, una mujer frustrada, dura y celosa que no se lo puso fácil. Menos mal que tuvo un abuelo que hizo más llevadera su adolescencia. Se llamaba Miquel y era la persona más buena que ha conocido en su vida. Su ideal de hombre. Antonia Quetglas nació en la clínica Rotger y como su padre trabajaba en el periódico Diari Balears salío en la hoja de sociedad. Pero no se crió en Palma, sino en Palma Nova, un pequeño pueblo costero de pescadores en 1964. A los 3 años pisó por primera vez un barco de pescadores y desde entonces su amor por el mar no ha cesado. Estudió en San José Obrero y fue una buen alumna, incluso ganó una beca de la que tuvo que renunciar por temas familiares. Pero se sacó el titulo de auxiliar administrativa con muy buenas calificaciones, y más tarde el de auxiliar clínico. Aunque su vocación auténtica es la de ayudar a la gente necesitada, que es a lo que se dedica ahora con todo su amor y profesionalidad. Luego vino su matrimonio con un hombre que la engañó, pero le dio unos hijos maravillosos y, en consecuencia 2 nietos. La mayor ilusión de su vida era ser madre y lo conseguió. Pero de repente el Sida le arruinó su vida. En ese tiempo su familia la rechazó, la apartó de sus vida y acabó viviendo en la calle. Allí fue donde descubrió su agudeza, su verdadera fuerza para subsistir. Allí aprendió que de todo se sale si uno quiere. Con 17 años  le hicieron tanto daño  qué se encerró 5 meses en su habitación,  leía toda la noche y salía cuando la casa estaba vacía. Todavía hoy al recordarlo se le humedecen los ojos. “Jugar con la vida de alguien como lo hizo mi marido conmigo, es como matarla. Quizá, si no hubiera sido por mis hijos no habría salido adelante. Se lo qué es creer que vas a estar contagiada de un virus qué en 1994 era mortal. El miedo te llega a las entrañas y ves tu fecha de irte de este mundo. Hasta hice planes para los que se quedaban. Pero sorpresa, durante tres años nunca di positivo. No podía creérmelo, Dios estaba conmigo, no me había abandonado. Me daba otra oportunidad y yo la aproveché.” dice Antonia, una mujer irrepetible y buena, la mejor virtud del ser humano.

domingo, 14 de agosto de 2022

Miguel Reche, el pintor del silencio.

Miguel Reche es un hombre tranquilo que tiene todo el tiempo del mundo, cordial y educado, que piensa que estamos destinados a reflejar lo que somos y lo que sentimos, sin sumarse a las distintas modas. Desde que a los 13 años hizo su primera exposición sigue su senda de la que no pierde de vista. Pero muchas veces ha salido de esa senda para conocer a muchos artistas plásticos importantes para enriquecerse espiritual y técnicamente porque a él siempre le ha interesado aprender de los buenos. Tampoco no ha dejado escapar ninguna oportunidad, como por ejemplo asistir a cursos en Luxemburgo para perfeccionar la técnica del grabado. Eso ocurría en 1976 a punto de empezar a recorrer países, incluso vivir en ellos largas temporadas, como Francia, Alemania, Italia, Holanda, Canada, EEUU, principalmente en Nueva York donde pasó un tiempo empapándose del arte de la ciudad más importante del mundo en cuanto a arte. O al menos la más novedosa. Su debilidad es el impresionismo, por eso Holanda es su debilidad ya que es la tierra de su admirado Van Gohg, que se puede ver en todo su esplendor en el museo Kröller-Mller cerca de Arnhem. Por eso Holanda es el país donde el pintor ha residido más después de España. “Me fascina Holanda con sus colores verdes, canales, molinos, pueblecitos, tulipanes, su gente siempre amable…” dice con ojos nostálgicos. Reche ha hecho más de cien exposiciones a lo largo de su trayectoria, pero hay dos a las que les tiene un cariño especial: Museo Diocesano de Barcelona en 2006, y el edificio Miramar de Sitges en 2011, donde compartió paredes con Tapies, Chillida, Antonio López, Barcelò, Canogar y otros. Reche vive y pinta en el pueblo de Inca, en el centro de Mallorca después de hacer un largo camino con muchas curvas, que empezó en Fuente Grande, un pueblecito de Almería. “No me arrepiento de nada de lo andado y conocido, ha sido el principal motor de mi vida. Conocer gentes y mundo creo que es uno de los mayores placeres que puede tener el ser humano, y yo lo he tenido.” Podría decirse que la pintura de Reche es clásica e impresionista a la vez. El pintor juega con maestría con el paisaje, las personas, los mares, y los mezcla convirtiéndolos en obras de arte que se cuelgan en galerías lejos de la isla obteniendo críticas inmejorables. Si hay que catalogar al Miguel Reche se podría decir que es un pintor de la vieja escuela. Del artista sabio que se toma su profesión tan en serio como su vida. Así es Reche.


Reche en su estudio con la actriz Beatriz Barón.

miércoles, 10 de agosto de 2022

Hoy te regalo el veneno que me diste aquella noche de septiembre, escribe Carlos Penas.

No se puede empezar mejor un libro de poesía que con esta frase. Hay poemas que quedan y otro que pasan como la brisa de verano para no volver más. Los del poeta Penas quedan. ¿Por qué? Porque Penas ha creado un mundo con sus poemas y sus pensamientos atípicos e inconformistas, pero llenos de un amor escondido, que él tiene a muy buen recaudo y que muestra poco a poco. Su realismo descarnado no tiene límites en mostrar el alma humana consiguiendo que el lector se emocione; cosa muy difícil en esta época de anodinos que nos ha tocado vivir. Carlos Penas es un hombre de su tiempo, comprometido y violento defendiendo sus ideas progresistas y liberales. Podríamos decir que es un rebelde con causa que va por la vida pintando su interior en telas o papeles y escribiendo poemas desgarradores y profundos, y aparentemente superficiales a veces. Dentro de este contexto sociológico fundamental tan bien documentado en sus propias experiencias, que no son pocas y si variadas, Penas tiene un sabor amargo de desengaño que se contempla en sus poemas. Pero es normal en los auténticos poetas. No hay poeta del todo feliz, leí en algún sitio. Y yo lo creo, porque el poeta es como el confesor de las tristezas humanas, que aparte de confesar, como hacen los curas, convierte las penas y alegrías en poesía. Penas es un escuchador de historias, una especie de receptor al que no se le escapa nada y que tiene el suficiente talento en convertirlo todo en pinturas y en versos. Él reflexiona sobre la complejidad de las relaciones y sobre lo difícil que es el amor simple y sencillo y tan difícil de encontrar. Pero él sigue escribiendo poemas posibles e imposibles, de lo que le rodea y de lo que le atormenta. Porque Penas es un poeta atormentado e incomprendido por él mismo. Los demás le dan igual. Sí, sabe que están ahí, pero no le preocupan demasiado. Y eso se ve en su poesía: lo importante es crear, no para quién. Carlos Penas es un poeta difícil de catalogar, y la única razón que se me ocurre, es porque es incatologable. 

miércoles, 20 de julio de 2022

LOS ANODINOS DE FACEBOOK

 Yo no critico facebook, es más, creo que es necesario para los millones de personas que estaban en la sombra de la vida: los anodinos. Y gracias a facebook toda esa gente ahora tiene presencia, al menos entre los amigos de su lista de amigos, que ni son amigos ni son nada, pero bueno, ahí están. Y si uno quiere creerse que son amigos, ya es su problema. Es como cuando te felicitan 400 personas por tu cumpleaños y tú estás muy agradecido porque se han acordado de ti. Nada más lejos de la realidad, pero tú te lo quieres creer y te lo crees. Lo hacen porque facebook les avisa. Por ejemplo, a mi me suelen felicitar cada años de 20 a 30 personas máximo. Amigos de verdad, claro. La verdad es que yo me divierto mucho viendo como se lamen el culo los unos con los otros. Ahora, por lo visto, en facebook, todos somos maestros, genios, todos sabemos escribir, pintar y decir con nuestras frases transcendentales como la mía, como está el mundo y lo que se debe hacer. Nos leen 4 pringaos, pero ya es algo. Menos mal que yo solo soy un filósofo eventual y cualquier día me voy.

martes, 14 de junio de 2022

Lo que dice Imanol Arias de TVE es cierto...

… y yo no tengo miedo de que la cadena me eche porque, excepto un Estudio 1 que hice hace como 40 años (El profundo mar azul), no he trabajado nunca más para la televisión pública. Hace unos 30 años rodé un programa piloto de una serie que no llegó a cuajar. Pues bien, para el rodaje del programa piloto vinieron 3 técnicos del canal para grabar durante 2 semanas. No es que estuvieran de baja ni que tuvieran vacaciones, no, simplemente estaban en stand by. O sea, que cobraban un sueldo envidiable sin trabajar. Había tal excedencia de personal sin hacer nada, que mandaban al trabajador a su casa a ganarse el suculento sueldo tranquilamente. Lo único que pasaba es que tenían que estar al loro por si les llamaban para ir a grabar a una burra que había nacido amarilla en un pueblo. Pero en esas 2 semanas que estuvimos grabando el programa, nunca los llamaron. Me hice amigo de esas 3 trabajadores de TVE. Un director de foto, un ayudante de cámara y un jefe de producción. Ahora ya están jubilados, incluso 2 ya han pasado a mejor vida. Y esos 3 amigos me contaron que la televisión pública es uno de los agujeros más grandes que tenía España desde que existía. Quitando a unos cuantos, los demás estaban metidos a dedo cobrando unos estupendos sueldos, sin saber hacer nada, hasta que se murieran. Imanol ha dicho 70.000 empleados sin hacer nada. Yo siempre he creído que los canales de televisión son el refugio de los mediocres. Me acuerdo que a mí me ofrecieron entrar como realizador de TV3. Esto es auténtico. Había terminado Qué puñetera familia, mi primer largo y el primero en las Baleares, y estando en Barcelona doblando un señor de la televisión catalana vino a ofrecernos entrar en el canal. De mi película entraron 3 que se han jubilado trabajando en el canal catalán. Otro de mi película entró de producción, pero solo estuvo como 10 años y lo dejó para montar musicales. TV3 buscaba desesperadamente gente para el recién estrenado canal. Yo dije que no. O sea, que yo ya de joven era un rebelde e inconformista no demasiado inteligente, como suele ser. Años después he hablado con estos amigos que entraron en TV3 y me contaron más de lo mismo. Había mucho parásito cobrando sin aparecer. Vox dice que hay que acabar con las televisiones autonómicas porque son una pérdida de dinero. Al decir esto supongo que también piensa acabar con TVE.

jueves, 26 de mayo de 2022

Llorenç Garrit, un artista que pinta olivos y rocas con la mente.

La primera impresión que me causo la obra de Llorenç Garrit fue movimiento y creatividad. Su obra se mueve, te sugiere cosas, te enseña el mundo del pintor. Luego, me dijo Llorenç que componía música, que incluso había tenido un grupo. Entonces entendí aquel movimiento que veía en su obra, aquel colorido que se difumina, se mueve y está presente, como está presente su amor hacia el pop art y el cómic. Sus olivos y sus rocas, para mí su gran descubrimiento (muy difícil hoy en día descubrir algo), su gran pintura, son distintos a todos los que he visto hasta ahora. Trazados con líneas negras, finas y gruesas, estructurados con mucho sentido de la estética ilustrativa, inclinados con el viento, son como veletas que van hacia arriba buscando la originalidad. A veces, Llorenç, acompaña con colores vivos a esos olivos y rocas consiguiendo un toque más de luz y vida. Podría escribir una tesis sobre la obra de Llorenç, es fácil cuando estás delante de la obra de un artista, pero hay un matiz que sí que quiero recalcar porque lo veo en su pintura. Lo metafísico, por decirlo de alguna manera. Lo que no se ve a simple vista pero que está ahí. Sus rocas, sus olivos no solo son olivos y rocas, son más que eso. Yo creo que es una forma de pensar, igual que poner la típica tela mallorquina sustituyendo el mar. Esto no se hace sin pensar, no lo hace cualquiera, se tiene que ser de una forma especial, se tiene que tener un concepto de la vida muy abierto, diferente a los demás. Y yo creo que Llorenç tiene ese concepto. La prueba esta en lo que pinta, que va más allá de nuestra vista. Éste es el auténtico talento de Llorenç, el pintar más allá de lo que vemos en su obra. Y para mí, lo más importante quizá, es que yo colgaría un cuadro suyo en mi casa, en mi salón, para disfrutar de él cada día de mi vida. Parece una tontería lo que acabo de decir, pero es muy importante. Solo basta hacerse una pregunta: ¿cuántos cuadros colgaríamos en nuestro salón de los que se pintan actualmente?  Pocos, ¿verdad? El de Llorenç Garrit… si, y eso es todo un triunfo.



lunes, 16 de mayo de 2022

Rafael Xamena, el monárquico.

Rafael Xamena Matas es monárquico hasta la médula, como se suele decir. Y yo soy antimonárquico de siempre, desde que tengo uso de razón. No entiendo que unas personas puedan vivir de puta madre gracias al pueblo. Y en el caso del emérito, vergonzoso. Espero que cuando venga esta semana se capaz de dar explicaciones al pueblo. Dicho esto, y a mis casi 70 años, veo las cosas más tranquilamente, no me sulfuro igual que cuando era joven y no entendía a la gente que no pensaba como yo. Supongo que esto ocurre a mucha gente. Estábamos equivocados, por supuesto. Todo el mundo no puede ser lo mismo. Hay gente que le gusta Georgie Dann y otros Serrat. Pero el truco es darte cuenta de que no pasa nada. En este circo en el que estamos metidos, cabemos todos y todos podemos realizar nuestro número. Números que gustarán más o menos, pero estarán ahí para que nos juzgue la historia. Por ejemplo, la Monarquía. ¿Por qué no respetar a los monárquicos? Personas que son partidarias de que seamos un país monárquico y aceptan que la familia real viva del pueblo. No pasa nada. Yo soy antimonárquico pero la verdad es que no me molesta FelipeVI, que lo considero un buen relaciones públicas, que deja a España en buen lugar. Sea dicha la verdad. No me molesta que la familia real cobre lo que cobra, por supuesto me gustaría que ese dinero se repartiera entre familias necesitas, pero eso sé que es imposible porque esto es España y siempre, pese a quién le pese, será monárquica. ¿Y por qué cuento este rollo? Porque tuve el placer de almorzar con el monárquico Rafael Ximena, la confirmación de que lo que vale es la persona, no lo que representa. Nacido en el Jonquet de Palma. Su padre fue descalzo hasta que cumplió 17 años. No fue a la escuela pero sabía construir un barco. Y con este currículum, no deja de ser peculiar que el hombre inculcara a Rafael el respeto a las instituciones monárquicas. Tanto fue así, que muchos años después, Rafael creó la Unión Monárquica Balear que tiene más de 500 socios. El almuerzo se realizó en el restaurante Es Racó de Genova, que cocina el mejor solomillo de ternera con fua de la zona. Comimos un exquisito arroz de pescado cocinado por el chef Ángel Gómez, y me acompañaron la actriz Beatriz Barón y el escultor Toni de la Mata, los 2 republicanos para más señas. ¿En definitiva qué quiero decir con esto? Que no pasa nada si nos mezclamos. En la variedad está la clave. Quiero decir que Rafael Xamena es una buena persona, luego un señor, y finalmente un demócrata convencido que cree en las instituciones. A lo mejor si todos pensáramos como él España iría mejor.     


De izquierda a derecha yo, Beatriz Barón, Rafael Xamena y Toni de la Mata.

"Funambulistas sin red" otra pequeña joya de Martín Garrido Ramis editada por cosecha Negra.

Paco Gómez Escribano, uno de los iconos de la novela negra española, dijo de Zoilo Pollès (la primera novela del autor) que no hacía falta buscar una gran editorial ni un escritor de prestigio para descubrir una joya como la que había escrito Martín Garrido Ramis. Yo pienso lo mismo. Pero he de admitir que me gusta más Funambulistas sin red. La encuentro más completa, más arriesgada, más compleja.

Las novelas de Martín Garrido no se leen, sino que se devoran. «Pero mi puta vida no era una película. Era la realidad cotidiana, la que le pasa a millones de personas anónimas que no tienen suerte. La jodida vida de la gente normal y corriente», dice Charlie, el protagonista de Fuanmbulistas. Terrible frase que no puede ser más verdad y con la que el autor juega continuamente para provocarnos muchas preguntas.

Me encanta la crudeza con que Martín Garrido Ramis cuenta las cosas, en primera persona, como si estuviera hablándole a un colega. El lector tiene la ocasión de leer lo que un chaval le diría a otro, tal como lo diría, tal como lo narraría. El autor no usa eufemismos porque no los necesita, su prosa es excelente, cuidada, precisa y nada relamida. No usa adjetivos más que cuando son necesarios, cuando funcionan para lo que fueron inventados. Pero no veréis ni un solo epíteto, pues —supongo— eso sería adornarse sin necesidad y, cómo no, no tendría sentido en una novela como esta y como todas las suyas, novelas que no pretenden ponerle un lazo rosa a la vida. Y con esta prosa única, que es la suya, logra que en pocas páginas el lector se crea como uno más en las calles suburbiales o en las entrañas de una prisión. Incluso te imaginas la banda sonora, con sus altercados, su música estridente y sus gritos. Te imaginas el clima, los olores a orina fermentada y a cerveza recalentada. A sudor, a odio, a amargura y en la depravación de tantos y tantos de sus personajes. Pero, curiosamente, por natural y creíble, toda esa fealdad se presenta hermosa a ojos del lector por la maestría incuestionable del autor.

La obra de Martín Garrido Ramis es la desesperanza que sufren los que han tenido la mala suerte de nacer en un ambiente deprimido. Familias tocadas por la podredumbre de la falta de oportunidades, familias en las que las mejores perspectivas de ganar algo de dinero más que sus vecinos pasan por el trapicheo o por la prostitución. Pero el mayor de los desafíos al que se enfrentan esos jóvenes que crecen a trompicones es muchas veces la carencia de referencias morales. El autor plasma con fidelidad ese mundo de marginados como pocas veces he visto plasmarlo. Ese mundo deprimido que te ahoga y en la que es casi imposible medrar.

Funambulistas habla de personas sin esperanza que se acogen a la primera oportunidad que pillan para hacer algo diferente. Y el autor, como no podría ser de otra manera, explica con maestría lo pernicioso que son las ideologías autoritarias —en este caso neonazis— que se basan en el odio visceral y, casi siempre, irracional contra las minorías. Minorías por supuesto en posición de debilidad frente a violentos que se sienten en su fuero interno tan despreciables que atacan a los más débiles para así, de alguna manera, justificar su propia existencia, como si ese odio los erigiera en una posición de superioridad, como si esa violencia los convirtiera en alguien, como si con ello lograran el respeto de los semejantes y como si ese respeto pudiera tener algún valor.

Al final, las malas compañías y una existencia totalmente desordenada, y exenta de valores, llevan a Charlie, el protagonista de Fuanmbulistas, a pasar unos años en la cárcel. Momento difíciles y desabridos en los que se da cuenta de que la reclusión penitenciaria no hace a casi nadie mejor, que sus muros acrecientan la vileza, la violencia y desesperanza vital de casi todos sus moradores. Pero, sorprendentemente para el protagonista, también halla allí camaradería y bondad. Personas que lo acogen como si fueran familia y que ayudan porque sí. Incluso, en casos extremos, personas dispuestas a delinquir por él como un mero acto de sacrificio, por pura generosidad hacia el protagonista, una generosidad que va mucho más allá que las consecuencias que ese acto tendrán para su autor.

«Miraba los más lejos que uno podía mirar encerrado entre cuatro muros». «Nos quedamos los dos en silencio mirando el horizonte que se perdía en la lejanía y que ni los muros podían esconder».Estas dos citas se encierran las únicas metáforas de toda la obra, porque Martín Garrido Ramis no necesita de figuras literarias comunes para lograr hacer literatura con mayúsculas. En este caso, estas dos frases son la misma metáfora, la de unos muros como concepto psicológico más que constructivo. Y, por su puesto, son ese canto a la esperanza del que os he hablado antes. A pesar de todo.

Sin duda, estamos ante una obra grande, en un mundo donde todo la mediocridad de lo que se edita es evidente. Pero no hay que perder la esperanza, porque de repente, a uno le cae en las manos una novela negra diferente y original como es Funambulistas sin red. Una novela que no es una más de policías y ladrones, no. Es una novela que seguro le encantaría a la gran Patricia Highsmith. Una muestra más de la polimatía de Martín Garrido Ramis,

Mi más sincera enhorabuena a la editorial Cosecha Negra por haber editado una novela tan arriesgada y diferente a la mayoría.

Gabriel Buades, escritor.