Paco
Gómez Escribano, uno de los iconos de la novela negra española,
dijo de Zoilo
Pollès (la primera novela del autor) que
no hacía falta buscar una gran editorial ni un escritor de prestigio
para descubrir una joya como la que había escrito Martín Garrido
Ramis. Yo pienso lo mismo. Pero he de admitir que me gusta más
Funambulistas
sin red. La
encuentro más completa, más arriesgada, más compleja.
Las
novelas de Martín Garrido no se leen, sino que se devoran. «Pero
mi puta vida no era una película. Era la realidad cotidiana, la que
le pasa a millones de personas anónimas que no tienen suerte. La
jodida vida de la gente normal y corriente», dice Charlie, el
protagonista de Fuanmbulistas.
Terrible
frase que no puede ser más verdad y con la que el autor juega
continuamente para provocarnos muchas preguntas.
Me
encanta la crudeza con que Martín Garrido Ramis cuenta las cosas, en
primera persona, como si estuviera hablándole a un colega. El lector
tiene la ocasión de leer lo que un chaval le diría a otro, tal como
lo diría, tal como lo narraría. El autor no usa eufemismos porque
no los necesita, su prosa es excelente, cuidada, precisa y nada
relamida. No usa adjetivos más que cuando son necesarios, cuando
funcionan para lo que fueron inventados. Pero no veréis ni un solo
epíteto, pues —supongo— eso sería adornarse sin necesidad y,
cómo no, no tendría sentido en una novela como esta y como todas
las suyas, novelas que no pretenden ponerle un lazo rosa a la vida. Y
con esta prosa única, que es la suya, logra que en pocas páginas el
lector se crea como uno más en las calles suburbiales o en las
entrañas de una prisión. Incluso te imaginas la banda sonora, con
sus altercados, su música estridente y sus gritos. Te imaginas el
clima, los olores a orina fermentada y a cerveza recalentada. A
sudor, a odio, a amargura y en la depravación de tantos y tantos de
sus personajes. Pero, curiosamente, por natural y creíble, toda esa
fealdad se presenta hermosa a ojos del lector por la maestría
incuestionable del autor.
La
obra de Martín Garrido Ramis es la desesperanza que sufren los que
han tenido la mala suerte de nacer en un ambiente deprimido. Familias
tocadas por la podredumbre de la falta de oportunidades, familias en
las que las mejores perspectivas de ganar algo de dinero más que sus
vecinos pasan por el trapicheo o por la prostitución. Pero el mayor
de los desafíos al que se enfrentan esos jóvenes que crecen a
trompicones es muchas veces la carencia de referencias morales. El
autor plasma con fidelidad ese mundo de marginados como pocas veces
he visto plasmarlo. Ese mundo deprimido que te ahoga y en la que es
casi imposible medrar.
Funambulistas
habla de personas sin esperanza que se acogen a la primera
oportunidad que pillan para hacer algo diferente. Y el autor, como no
podría ser de otra manera, explica con maestría lo pernicioso que
son las ideologías autoritarias —en este caso neonazis— que se
basan en el odio visceral y, casi siempre, irracional contra las
minorías. Minorías por supuesto en posición de debilidad frente a
violentos que se sienten en su fuero interno tan despreciables que
atacan a los más débiles para así, de alguna manera, justificar su
propia existencia, como si ese odio los erigiera en una posición de
superioridad, como si esa violencia los convirtiera en alguien, como
si con ello lograran el respeto de los semejantes y como si ese
respeto pudiera tener algún valor.
Al
final, las malas compañías y una existencia totalmente desordenada,
y exenta de valores, llevan a Charlie, el protagonista de
Fuanmbulistas, a pasar unos años en la cárcel. Momento
difíciles y desabridos en los que se da cuenta de que la reclusión
penitenciaria no hace a casi nadie mejor, que sus muros acrecientan
la vileza, la violencia y desesperanza vital de casi todos sus
moradores. Pero, sorprendentemente para el protagonista, también
halla allí camaradería y bondad. Personas que lo acogen como si
fueran familia y que ayudan porque sí. Incluso, en casos extremos,
personas dispuestas a delinquir por él como un mero acto de
sacrificio, por pura generosidad hacia el protagonista, una
generosidad que va mucho más allá que las consecuencias que ese
acto tendrán para su autor.
«Miraba
los más lejos que uno podía mirar encerrado entre cuatro muros».
«Nos quedamos los dos en silencio mirando el horizonte que se perdía
en la lejanía y que ni los muros podían esconder».Estas dos citas
se encierran las únicas metáforas de toda la obra, porque Martín
Garrido Ramis no necesita de figuras literarias comunes para lograr
hacer literatura con mayúsculas. En este caso, estas dos frases son
la misma metáfora, la de unos muros como concepto psicológico más
que constructivo. Y, por su puesto, son ese canto a la esperanza del
que os he hablado antes. A pesar de todo.
Sin
duda, estamos ante una obra grande, en un mundo donde todo la
mediocridad de lo que se edita es evidente. Pero no hay que perder la
esperanza, porque de repente, a uno le cae en las manos una novela
negra diferente y original como es Funambulistas sin red.
Una novela que no es una más de policías y ladrones, no. Es una
novela que seguro le encantaría a la gran Patricia Highsmith. Una
muestra más de la polimatía de Martín Garrido Ramis,
Mi más sincera
enhorabuena a la editorial Cosecha Negra por haber editado una novela
tan arriesgada y diferente a la mayoría.
Gabriel
Buades, escritor.