Cada día mueren en este país
de charanga y pandereta mínimo 400 personas y parece que hay gente que no le
preocupa demasiado. Gentuza de mierda que no se toma en serio este drama porque
no se mueren ellos y a los ancianos los ven lejos. Es increíble lo de este país,
una vez más el ejemplo de lo deleznable que puede ser el ser humano. Y los
primeros de la lista de gentuza son los políticos, ¿quién iba a ser?, que en
lugar de unirse, aunque sea por una puta vez, no lleguen a hacerlo. Y no solo
eso que además se insultan y dicen idioteces sin ningún pudor ante el pueblo
español que siente vergüenza ajena. Me refiero al ciudadano coherente y serio.
Por eso es importante que nadie olvide lo que está haciendo la derecha y la
ultraderecha contra los españoles, como no hay que olvidar la patada en los
huevos que dio Rajoy a la Sanidad durante su mandato. Está más que claro que a
estos partidos no les importa la muerte diaria de tantos ancianos, les importa
el poder, la economía, su economía. Todo esto no hay que olvidarlo para cuando
vayamos de nuevo a votar. Los políticos españoles necesitan un baño de
humildad, de empatía, de inteligencia (eso es muy difícil tratándose de políticos).
Necesitan unirse para combatir juntos al terrible drama que nos toca. Ni
derecha, ni centro, ni izquierda, solo necesitamos un solo partido multicolor para
frenar la muerte de tantos ancianos. Al final de esta historia los auténticos héroes
serán los que cobran menos y se juegan la vida: médicos, enfermeras, policías,
guardia civiles, bomberos, etcétera. Y cuando pase esto, que pasará a base de
muertes, los idiotas se salvarán como siempre y volverán a defender sus
intereses con mentiras. Y como en este país hay muchos idiotas (se cuentan a
millones) les creerán. Por eso, los coherentes, la gente honrada, y buena,
tenemos que estar esperándolos de cara para joderlos. Y nosotros sí que tenemos
que estar unidos con los que ahora luchan contra el Covid-19 para darles por
culo.
lunes, 20 de abril de 2020
domingo, 12 de abril de 2020
PERRO MUNDO
Hace muchos años estuve en la casa de un amigo pasando un fin de semana. Una casa de película arriba de una montaña. Recuerdo que tenía un perro permanentemente atado a una caseta con cinco metros de cadena. En uno de esos días fuimos a caminar por su propiedad y encontramos a una oveja muerta a mordiscos por el perro. Sin más, y ante el estupor de los que estábamos allí, cogió una piedra de considerable tamaño y la estrelló en la cabeza del perro que calló fulminado al instante. Una amiga que iba con nosotros le dijo lo que no había en la cartilla, a grito pelado. Una amiga, que precisamente la semana anterior había aceptado que el asesino del perro le dejara una cantidad importante de dinero. La salvó de un problema grave. ¿Cómo se entiende esto? Yo estoy convencido de que las personas que no quieren a los perros no son del todo buenas personas. No sé si nuestro amigo pensó en lo que hacía cuando mató al perro con la piedra, pero el tiempo me ha dado un poco la razón. No es que el amigo que mató al perro sea mala persona, pero sí es un ser egoísta que solo piensa en él y los demás no le importan mucho, aunque cuando le pides un favor te lo suele hacer. En cambio a los muchos empleados que tiene les paga lo mínimo estipulado, porque si pudiera les pagaría menos. Para mi los perros son sagrados y nosotros (no todos) no somos dignos de ser sus amigos. Ahora con el coronavirus, una vez más, sale en evidencia la maldad innata del ser humano. Miles de personas fueron en busca de perros abandonados en perreras para poder pasear por la calle, y ahora, cuando el virus está empezando a ceder, los abandonan tranquilamente como si se tratara de una bolsa de basura. Uno intenta, se obliga, a creer que el ser humano es bueno, pero no hay manera. Y si lo es en su mayoría, pero hay un porcentaje alto de malas personas. Al que abandonara un perro habría que ponerle mínimo seiscientos euros de multa sin posibilidad de reclamación. Si no respetamos a los perros, ya ni te hablo de las personas mayores.
viernes, 3 de abril de 2020
MATERIAL SOBRANTE
Siempre, en
todas las catástrofes hay gente que gana. Está comprobado. Y en esta catástrofe
que nos asola, ya hay muchos empresarios listos que se están forrando. Pero así
es una pequeña y despreciable parte del ser humano (gracias a Dios) que siempre
estará ahí, como corresponde a las hienas. Esta parte putrefacta de la sociedad
nunca son fontaneros, enfermeras, electricistas o peluqueras, sino empresarios
con mucho dinero que no les importa nada. Ni siquiera los ancianos/as que están
muriendo. Porque realmente el gran drama humano de esta pandemia son las
personas mayores. Esas que estuvieron puteadas en la guerra, o pasaron hambre
en la posguerra, o perdieron su libertad con Franco. Ese enano dictador con voz
aflautada al que su familia defiende tanto. Esos que vivieron el crack de 2008,
en el que Rajoy salvó a los bancos y no a ellos, que tuvieron que sacar a
familias adelante con sus modestas o míseras pensiones. Mira por donde ahora
nos vamos a quitar de encima muchos gastos, piensan muchos en este país. Porque
al fin y al cabo un anciano más o menos, tampoco es tanto. Ellos ya han vivido
lo que tenía que vivir. Ni siquiera son material de reciclaje. No sirven para
nada excepto ocasionar gasto al Gobierno. Mis padres ya no están conmigo. A los
dos los ví morir sin dolor, en paz y tranquilidad. No me imagino que hubieran
muerto por el coronavirus en una habitación entubados y solos. No puedo ni
imaginármelo, en cambio es lo que está sucediendo cada día. Espero que Dios,
cuando los reciba, les de lo que se merecen.
jueves, 2 de abril de 2020
PÉRDIDAS EMPRESARIALES
Es un hecho
que los hoteleros de Mallorca han ganado cientos de millones durante décadas con
el turismo. Y si no que se lo pregunten al señor Ríus, que ha comprado nada más
y nada menos que el edificio Plaza de Madrid. No me imagino los miles de
millones que le habrá costado y luego restaurarlo. Millones ganados con la hostelería en Mallorca y en otros lugares del mundo. Pero ahora, de repente,
viene el coronavirus y lo cambia todo. De repente los hoteles no se podrán abrir hasta nueva orden y eso acarreará pérdidas o menos ganancias, según como se mire. Creo que en estos momentos tan delicados por los que la humanidad nunca había pasado, debería hacer recapacitar un poco a los empresarios en general. Los de siempre, los que siempre ganan. Me refiero a empresarios grandes. La derecha, la ultraderecha y los descerebrados de turno, no dejan de hablar de las pérdidas que están teniendo los empresarios españoles. A todos les gustaría que el presidente fuera Rajoy para indemnizar a los empresarios y a los bancos para que nadie de sus amigos perdiera, como hizo en el pasado. Y al pueblo que le den. El señor Sánchez tendría que olvidarse del
pueblo que se ha muerto, que se muere y que se morirá, para indemnizar a los empresarios de este país que lo están pasando fatal sin ganar los millones que cada año ganan.
En estos momentos creo que los millonarios deberían ser los primeros en dar ejemplo al pueblo, al mundo, y
aunque no den nada de los miles de millones que ha ganan normalmente, al menos tendrían que sonreír y callar por vergüenza, y buscar una
solución viable en la que no pierda el pueblo. Algo que nos beneficie a todos,
Vamos a cambiar el chip y que el virus permita que por una vez los
desfavorecidos no pierdan tanto como siempre.
POSDATA:
Que me
perdonen mis muchos amigos hoteleros a los que aprecio y quiero lo mejor.
RESISTIREMOS
Esta tarde,
mirando un precioso video de una serie de artistas interpretando Resistiré de los inmortales Dúo
Dinámico, he pensado que debería aportar mi grano de arena a esta causa. ¿Y
cómo puedo hacerlo? Escribiendo. Ante todo, que vaya por delante lo poco que
creo en la mayoría del ser humano (cada día tengo más pruebas de ello), pero de
repente ha entrado en nuestras vidas el COVID-19 y todo ha cambiado. En los
ricos ha cambiado poco, pero en la gente normal y corriente, sí ha cambiado.
Pero lo que más me ha sorprendido ha sido la reacción de esa gente, esa gente
en la que nadie se fija, esa que te cruzas con ella por la calle, o espera
enfrente de ti en un semáforo para cruzar, o ese empleado que te pone gasolina,
o la dependienta de Mercadota, o el vecino que no te miraba a la cara. Sin olvidar
las enfermeras que te parecen todas iguales, o el médico de turno que no es
simpático, o la gente encerrada en su casa, en pisos de cuarenta metros, en
habitaciones. Pues toda esa gente me ha dado una lección de humanidad, y me ha
demostrado que en este cruel e injusto mundo hay más gente buena de la que yo
creía. Esa gente buena unida, como lo está ahora, me ha demostrado que es capaz
de sobrevivir a cualquier cosa. Me ha demostrado, que sin ser ricos ni poder
dar millones a Sanidad, ellos también aportan su grano de arena. Quizá el más
importante de todos: la solidaridad, las ganas de luchar y vivir. Y a lo mejor
es porque no les importa que el que esté enfermo sea marqués o político, gitano
o negro, contable o ingeniero, o que el que esté escuchando en su balcón como
cantas Resistiré está sentado en una
silla de ruedas o en una residencia.
Estamos dando una lección al mundo de solidaridad al salir a los balcones y
ventanas a aplaudir. Es más importante de lo que creemos. Porque aplaudir todas
las noches a las 8 de la noche por la gente que se juegan la vida por nosotros
no es una tontería. Los aplausos se oyen en el mundo entero. Muchos dirán que
solo son aplausos, que no es dinero que dan, pero esos aplausos valen millones
de euros de ilusión y lucha. Y cada médico, cada enfermera, cada policía, y
cada trabajador/a que cada día sale a ayudar a los demás, que no se olvide
nunca que un país entero sale a las 8 de la noche a aplaudirles. Nunca jamás,
ningún artista tuvo tantos aplausos. A partir de ahora pensaré que aún no está
todo perdido gracias a esa gente buena que no sabía que existía. Gracias por
haberme abierto los ojos y volver a creer en la bondad del ser humano.
viernes, 20 de marzo de 2020
Tolo Güell, el ángel sin alas.
Normalmente cuando uno sale de nuestras vidas solemos hablar bien de él, pero este no es el caso de Tolo Güell. Tolo es de las pocas personas que conozco de la que no me han hablado mal. No recuerdo una persona que me lo haya puesto a parir. Y eso es tan difícil de creer en este país, y en particular en Mallorca, que uno flipa. Pero es cierto, no creo que Tolo tuviera enemigos. Era una persona que cuando lo llamabas siempre estaba y si podía te ayudaba. Yo lo conocí rodando un cortometraje sobre la subida a Lluc, y desde entonces, me demostró que era amigo. Y ya no hablemos de su generosidad sin límites. Por eso, hoy un viernes de marzo, el cuarto día de encierro en mi casa, me siento triste por su pérdida. Que no es pérdida porque Tolo siempre estará con nosotros todos los agostos venideros. Muchos no saben, que Tolo empezó a subir a Lluc cada año por una promesa que le hizo a la Vírgen. Su hija, a la que yo conocí, se salvó milagrosamente de morir debido a la explosión de un sifón en su cara. Y él, como corresponde a una persona agradecida, prometió a la Virgen que cada año subiría a Lluc a darle las gracias. Y lo cumplió, como cumplió con todos sus amigos. Y eso que era de derechas. Un beso, Tolo.
POSDATA: Digo lo de derechas porque mucha gente confunde el término con facha. Tolo era de derechas y yo soy de izquierdas y siempre nos entendimos a la perfección.
POSDATA: Digo lo de derechas porque mucha gente confunde el término con facha. Tolo era de derechas y yo soy de izquierdas y siempre nos entendimos a la perfección.
viernes, 1 de noviembre de 2019
VERGONZOSO
Antes de que sacaran al
dictador enano y de voz aflautada, como decía mi padre, era feliz. Incluso no
podía creérmelo. Nunca enciendo la televisión por las mañana pero el día de la
exhumación la puse en marcha. Y allí estaba yo, sentado frente la televisión
preparado para ver sacar al dictador del Valle de los Caídos. Y lo sacaron, sí
señor, y yo flipe por un tubo. No podía creer lo que veía. La patética familia
de los Franco sacando el ataúd, cubierto por una bandera española, con todos
los honores. Como si el que estuviera dentro del ataúd fuera Chiquito de la
Calzada y no un sanguinario dictador asesino. Repito, no podía creérmelo. O
sea, que el señor Sánchez hace las mil y una para sacar al dictador del Valle,
para luego permitir a los Franco montar el circo para que todo el mundo los
vea. Vergonzoso. Esa es la palabra: vergonzoso. Vergonzoso para todas las
personas coherentes y demócratas de este país que no entienden como los Franco
aún tienen propiedades que no les pertenecen porque fueron robadas por el enano
de voz aflautada. España es diferente en todo. Monta una exhumación del copón
que aplaude toda Europa y luego deja que los Franco monten el circo. Esto solo
puede ocurrir en este país de charanga y pandereta como es el nuestro.
sábado, 19 de octubre de 2019
La palabra inutil
Me han pasado muchas
personas el artículo que ha salido en la Última Hora hoy, sábado 19. En la
presentación yo fui el primer sorprendido al ver el periodista del periódico
UH. Un buen periodista porque lo conozco que tuvo el detalle de comprar un
libro sin que yo lo viera. Este artículo lo habrá leído prácticamente todos los
políticos. incluido la señora Francina Armengol, por lo que, según el
periodista, digo que esta señora es una INUTIL. Pues bien, en ningún momento
pronuncié este calificativo. El que lee mi blog (En el mar hay tiburones), que
se de buena tinta que muchos son los políticos que lo hacen, pero que no lo
comentan (muy típico del carácter mallorquín, que se la guarda para metértela
sin que sepas quién es), sabrá que soy muy crítico con la presidenta pero
exclusivamente sobre el tema del catalán. Nunca me he metido con ella en otro
sentido porque en general hace bien su trabajo, y eso es evidente. Por eso de llamarla
inútil está fuera de contexto. Puedo decir que es una independentista, una
radical, una catalanista, pero inútil, no. Pero como en la presentación
despotrique (durante 10 minutos) contra la marginación del castellano en
Mallorca, el periodista se pudo haberse confundido. Quiero dejar claro que yo
no tengo nada contra el catalán, me parece bien que se estudié en catalán,
siempre y cuando también puedas hacerlo en castellano. Catalán y castellano
pueden convivir perfectamente, sin problemas. En fin… no quiero enrollarme y
digo por última vez que en la presentación no dije para nada inútil a la
presidenta de las isla Baleares.
miércoles, 25 de septiembre de 2019
Ana María de Franceschi ya no vive aquí.
El patriarca de los
Franceschi tenía un puesto de tiro al blanco pegado a la parte derecha de Arte
y Oficios, cuando la Feria de Ramos se instalaba entre los dos institutos. Lo
tenía lleno de cuadros al óleo pintados por él mismo. Yo, en aquel tiempo, iba
a Artes y Oficios a pintar y dibujar. Y cada vez que terminaba un cuadro me paraba
en el puesto de Franceschi para enseñárselo. El hombre delgado, de pelo y
bigote blanco, lo miraba durante un minuto o dos en silencio para luego decirme
los fallos que veía. Siempre constructivos e insignificantes. Él llevaba toda
la vida pintando y sabía mucho de colores y pinceles. Vas a ser un gran pintor,
siempre me decía. A mi me gustaba pararme allí, porque aparte de él, estaba su
hija Ana María, una chica mona, bajita, que a mí me hacía mucha gracia por la
forma de tratarme. Me sentía importante con ella, que no me llevaba más de dos
o tres años. Aquella menudita chica llevaba la vida dentro, era como una
maquina de hablar. Pero no incoherencia dignas de su edad, no, todo lo
contrario, era muy coherente con sus ideas. Para mí era la chica diferente de
las muchas que conocía, por eso esperaba con impaciencia terminar un cuadro
para enseñárselo a su padre y que estuviera ella. Esa situación duró tres años.
Dejamos de vernos cuando la feria se fue de los institutos, y nos reencontramos
cuando empezaron a ponerla en la Plaza España en Navidad. Allí retomamos la
amistad de juventud hasta hoy, que me he enterado que ha cambiado de dirección.
Siempre he pensado que Ana María tendría que haber sido política o haber
dirigido alguna de esas asociaciones en pro de la libertad y los derechos
humanos, antes que ferianta. He conocido pocas personas tan involucradas con lo
que les rodea como Ana María. Siempre tenía un argumento, una propuesta, una
solución para el momento. Nunca olvidaré las largas conversaciones sobre
política y cine que teníamos en la Plaza España junto a su puesto de castañas.
Ni tampoco a su padre y a lle mirando circunspectos mis obras. Ana María se ha llevado un trocito de mi
juventud que siempre recordaré.
jueves, 19 de septiembre de 2019
La moral indestructible de los de derechas.
Siempre he creído que los de
derechas son personas negociantes, interesadas y que lo tienen muy claro (no
hablo del obrero puro, duro y tonto que vota a la derecha). Por ejemplo, si
estuvieran en lugar del señor Sánchez e Iglesias ya habrían llegado a un
acuerdo hasta en los sobresueldos. Porque ellos son así: van a lo suyo y los
demás les importan un huevo. Y eso, según como se mire, es admirable. Por eso
suelen conseguir lo que quieren. Si basta ver a los mafiosos Pujol o los pisos
buitres de la señora Botella, para darse cuenta de lo unidos que están. Son
gente que se ayuda y no les importa que uno sea un torturador, un ladrón o de
la familia Franco, da igual, si es de derechas se le ayuda. En cambio, los de
izquierdas son diferentes, se pelean entre ellos sin importarles perder. ¡Hasta
la guerra civil perdieron por desorganización y desentendimiento! Y lo que está
claro es que hemos aprendido poco. ¿Pero por qué uno es de derechas? Quitando a
los obreros tontos o pelotas que los votan y a los que son por tradición y poca
personalidad, ser de derechas es para flipar. ¿Por que? Prácticamente casi todo
el mundo está en su contra, sobre todo los artistas. Por eso ellos pasan del
arte en general porque saben que no son de los suyos. No les interesa la
Cultura porque hace pensar y eso no es bueno para la derecha. Ellos quieren
pueblos ignorantes como los que dirigió durante cuarenta años Paquito. Pero
echemos un vistazo a la historia que está ahí. La mayoría de las películas
buenas son de izquierdas, la mayoría de los artistas plásticos son de
izquierdas, la mayoría de los escritores son de izquierdas, la mayoría de los
intelectuales son de izquierdas, la mayoría de los grandes hombres y mujeres del
mundo son de izquierdas, ¿sigo? A una persona normal y corriente eso le
influiría de manera drástica y le haría pensar, hasta podría avergonzarse votar
a la derecha, pero no a uno/a de derechas, que se la trae floja. PP es el
partido más corrupto de la historia de España, pero sus militantes van con la
cara bien alta y siguen luchando por su partido. Y para rizar el rizo se
entienden con VOX con dos cojones. Me quito el sombrero, así se puede ganar
todo, como están demostrando. En cambio los de izquierdas siguen sin ponerse de
acuerdo aunque gane la derecha o la ultraderecha, como guste más. Lo importante
para la izquierda es el pueblo, el bienestar de los españoles. Para la derecha
es un negocio, nada personal.
domingo, 8 de septiembre de 2019
El único e irrepetible Camilo Sesto..
En la época que conocí a
Camilo Sesto vivíamos en Madrid, en la plaza del Mercado de San Miguel, cuando
aún no se había hecho la transformación de ahora. En la misma plaza vivía un músico
en un sótano (en Madrid es muy habitual vivir en sótanos de edificios) del
edificio pegado al nuestro. Su casa era un estudio de música y conocía mucho a
Camilo. Un día, tomando unas cervezas en el bar de encima de su casa, me dijo
que Camilo quería producir algo de teatro. Enseguida le ofrecí Esta noche hay
que matar a Franco, que no hacía ni un mes la había editado una editorial
valenciana. Al cabo de una semana volví a tomar una cerveza con el músico, que
se llamaba Julián. Me dijo que a Camilo le había encantado la función y que
quería hablar conmigo. Nos invitaba a cenar al día siguiente. Y así lo hicimos.
Camilio vivía en una urbanización de lujo a unos veinte kilómetros de Madrid
(no recuerdo ni el nombre de la urbanización ni la zona). Nos recibió un chico guapo,
de unos treinta años que perdía aceite por todo. Nos hizo pasar a un salón que
era más grande que mi casa entera. Allí nos esperaba otro chico guapo, que por
lo visto era familiar de Camilo. También perdía aceite. Nos sirvieron una copa
de vino blanco y a los diez minutos apareció Camilo Sesto en persona. Vestía
pantalón y túnica blancos. Era una especie de mujer que interpretaba el papel
de hombre, más o menos. Simpático, agradable, educado, tuvo la delicadeza de
enseñarme su dormitorio, un espacio de unos veinte metros cuadrados lleno de
espejos, inclusive el techo. Era impresionante. En mi vida había visto nada
parecido. La puerta del baño también era un espejo. Luego volvimos al salón
donde ya estaba la comida encima de una gran mesa de cristal. Era una bandeja
de marisco frío y nada más. A mí y a Julián nos encantaba el marisco y nos
pusimos morados. Durante toda la cena Camilo no dejo de hablar de él mismo, de sus
éxitos en el mundo, sus discos, sus fans, y así más de una hora, Los dos chicos,
que no sabían comer marisco, prácticamente no abrieron la boca. Luego pasamos
de nuevo al salón y nos hizo sentar en el sofá, delante de un enorme televisor
y un equipo de música impresionante, con dos bafles más altos que una mesa
normal. Y allí ocurrió algo que nunca olvidaré en mi vida. Algo que supongo que
pocas personas pueden decir que lo han vivido. No sé si fue porque yo era un
tipo atractivo y me quería follar, o porque era director de cine y teatro, no
lo sé, pero fue alucinante. Puso el aparato de música en marcha y empezó a
oírse Jesucristo Superstar a todo volumen. Y, de repente, empezó a cantar. Creí
que se rompería todo lo que fuera cristal, pero no fue así. Sentado en el sofá
con Julián, me trague todo el musical entero de Jesucristo Superstar, oyendo
cantar en vivo y en directo a Camilo Sexto. No era play back, era su auténtica
voz. Los demás cantantes estaban grabados. Increíble. Después de casi dos horas
al borde de la locura, terminó el espectáculo y aplaudimos. Volvió el silencio
y dijo Camilo sentándose en su sofá como si nada hubiera ocurrido: “A ver, cuéntame
cómo quiere montar tu maravillosa obra de teatro, Martín.” Le conté lo que pude
y como pude. Me contesto: “Lo daré a mis asesores para que estudien tu
propuesta y llamaré a Julián.” Se levantó y se despidió de nosotros, que
volvimos a Madrid en silencio sin creernos lo que nos había pasado. A Julián
nunca más le llamó, al menos que yo sepa, el asunto se fue olvidando como
tantas y tantas cosas se olvidan en Madrid del espectáculo. A pesar de todo tengo un buen recuerdo de él, se portó como un señor y un inconmensurable cantante.
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